Un churrito con el presidente…

Cansado y un poco fastidiado por el trabajo, llegaba a su oficina y le preguntaba “¿no tienes un churrito?”, “¡claro!” decía. Lo sacaba, me daba el primer toque y me relajaba bastante, se me olvidaba todo y estaba en paz de nuevo, después de otros 3 o 4 toques el también le daba unos y apagaba el cigarro a la mitad por que más tarde tenía una conferencia. Nos quedábamos tirados en el sillón viendo pasar el tiempo. Poco más tarde cuando el efecto estaba pasando, lo llamaron.

- ¡Señor presidente!

- ¡ Ya salgo !

- Oye, muchas gracias.

- No te preocupes, de nada.
Soñé que fumaba un churrito de mota con Felipe Calderón. Esos son sueños, no chingaderas.

 

Emmanuel.

Cuando se cierra el círculo…

Alguna vez dije que en este desmadre de inseguridad que se vive en una ciudad como Monterrey empiezas a oir cada vez más cercanas a tu círculo de amigos las historias de violencia, robos, asaltos, etc, hasta que un día ese círculo de historias alrededor se hace tan pequeño que finalmente te toca a tí.

Era miércoles 9 de noviembre como a las 19:00 y sonó mi celular, yo seguía en el trabajo, era Rajas que hacía 10 minutos me había dicho que ya iba para la casa. Cuando ví la llamada lo primero que pensé fue que quizás necesitaba que comprara algo para la casa o algún favor similar y también pensé que podría tratarse de algo que estaba mal aunque a este último pensamiento no le quería dar tantas posibilidades.

- ¿Qué pedo?.

- Ya valió madre wey.

-¿Qué pedo, qué pasó?

-Entraron a robar a la casa

Esa última frase me hizo instintivamente sentirme vulnerado e inmediatamente revisé mis bolsas como si la primera reacción de mi cerebro hubiera sido “wey, te acaban de decir que te robaron, revisa tus bolsas a ver si tienes todo lo que deberías tener en ellas”, cuando reaccioné dejé lo que estaba haciendo y me fuí a la casa lo más rápido que pude, mentando madres en el camino y pensando en todas las cosas que seguramente ya no tenía.

Cuando llegué vi que la puerta estaba dañada y doblada a la altura de las chapas, era una puerta como de aluminio con panel de madera, con poca protección si, pero se supone que en fraccionamiento con seguridad en la entrada no deberían pasar tan fácil estas cosas. Cuando entré a mi cuarto ví que los boletos que guardo (de conciertos a los que voy) estaban en el piso, mi Wii estaba tirado en el piso, faltaba mi computadora, faltaba la mochila de la computadora y faltaba la tele. No sé si en algun momento los culeros de los rateros tuvieron ciertas consideraciones por que dejaron mis discos duros externos y una carpeta con papeles (ninguno importante) que estaba dentro de la mochila que se llevaron, ya después cuando recogí todo me di cuenta que los hijos de puta también se habían llevado un boleto autografiado por Mastodon que yo tenía en el ropero. Del cuarto de Rajas se llevaron la tele, la cual descolgaron de su base de pared, su PS3 y un perfume.

Después de un rato llegó la ministerial y media hora después de estos llegaron los que recogen huellas digitales (como quiera que se llamen).  Para variar, el pendejo del guardia de la puerta argumentaba que había revisado todos los coches que salían, cosa que es una estupidez por que de haber sido así habría visto que uno de esos coches llevaba 2 teles, un PS3 y una computadora. Sabemos que fué con un coche por que el vecino de enfrente vió que la puerta estaba abierta y vió un coche cerca, pero pensó que se trataba de nosotros y que habíamos ido a comer, no lo culpo, a veces vamos a comer a esa hora y dejamos la puerta abierta. Ese día en la noche mientras cenábamos nos tomamos unas cervezas para tratar de calmarnos un poco y al día siguiente en la mañana fuimos finalmente a poner la denuncia.

Tengo sentimientos encontrados por que se que “solamente fueron cosas materiales” lo que se llevaron, pero son cosas que no deberían pasar. No puedo dejar de pensar que seguramente sabían a que hora nos íbamos y a que hora no estábamos y tampoco dejo de pensar en qué habría pasado si por casualidad hubiera ido ese día a la casa a la hora de la comida, pienso y me da coraje, volteo a ver la mesa donde estaba mi computadora y me da coraje. Aunque todo parece olvidarse después de un tiempo, como cuando revuelves el agua de tamarindo y lo más denso se asienta en el fondo, cuando pasa algo así hacemos corajes durante uno o dos días, poco tiempo después uno a veces lo asimila y piensa “ya ni modo, ya pasó”, que triste asimilarlo, que triste y que pena acostumbrase a lo malo.

Recuerdo que una vez en la secundaria regresando de alguna excursión en el autobús de la escuela le presté a un amigo mío una gorra y se le cayó por la ventanilla, un cobrador (de esos que van colgados en la puerta del autobús cobrando y anunciando la ruta) en el camión de al lado la recogió y no la quiso devolver. Cuando llegamos a la escuela me bajé rápido del autobús y fuí tras el autobús donde iba el cobrador (obviamente iba más lento por que iba haciendo paradas) pero no lo alcancé, corrí hasta el estadio de beisbol donde para mi suerte había varios policías a quienes les conté todo y dijeron que me ayudarían pero el camión se fué. Esperamos que el camión regresara (como es una ruta fija debería regresar por el mismo lugar) pero me distraje y no lo ví a tiempo cuando volvió, tendría paciencia pues tenía que pasar una vez más para completar una vuelta exacta hasta el estadio donde lo estaría esperando con los policías. Estuve esperando más de una hora con los policías acompañándome y mis papás tratando de convencerme de irnos a la casa y olvidar la gorra, no lo haría, no era lo justo. Cuando finalmente el camión volvió a pasar frente al estadio mi papá y yo le hicimos la parada y le dije al cobrador que esa era mi gorra y me la había quitado, el chofer se paró de su asiento con su actitud altanera dispuesto a bajarse a discutir (o pelear) pero vió a los policías detrás de mi y lo único que dijo fue “devuélvele la gorra”. Ese día pensé que nunca iba a dejar que alguien que me robara o por lo menos no iba a ser tan fácil, no podría permitirme que me robaran sin siquiera trata de evitarlo, sin tratar de defenderme. Tal vez esa es la razón por la que ahora  veces me enojo un poco cuando pienso en los “si hubiera” o en por qué fue tan fácil que nos robaran, me hubiera gustado poder hacer algo para tratar de evitarlo, tal vez si hubiera llegado a esa hora le hubiera llamado a la policía o hubiera hecho escándalo, pero tal vez si llevaban pistolas me hubieran amenazado y todo hubiera salido diferente, tal vez no debería seguir pensando en eso y debería resignarme y decir “bueno, ya ni pedo”.

Emmanuel

Sueño que pierdo el vuelo…

Hace unos meses que tengo un sueño recurrente (no de diario, pero si seguido); sueño que me encuentro en mi casa de vacaciones, empacando a las carreras porque, por alguna razón, no recordaba que ese mismo día salía mi avión. Entre revisar la ropa que tengo que empacar y alguna otra cosa que necesito llevarme pierdo la noción del tiempo y de repente estoy a una hora de perder el avión. Tomo yo la iniciativa de manejar hacia el aeropuerto en lugar de alguien más por que ya es tarde y quizás alguien más no tenga la misma prisa que yo tengo.

Los sueños se parecen todos en que nunca se si me dió tiempo tomar el avión. Algunas veces mi sueño termina mientras manejo hacia el aeropuerto contra reloj, algunas veces estoy hasta el mostrador y me dicen que todavía estoy a tiempo (pero nunca me subo al avión) y algunas otras veces simplemente estoy dando vueltas por el aeropuerto preocupado por el tiempo.

Creo que no soy el único que piensa que los sueños reflejan algo en el inconciente, algo que a veces no sabemos que pensamos/creemos, aunque muchas veces pueden también ser pendejadas.

Le voy a contar a Hoil…

Estaba en la casa de mi tío, mi tío cría emús pero por alguna razón en este sueño el criaba avestruces, estábamos varios primos viendo las avestruces y había una que tenía una especie de silla para montar, mi tío nos preguntó “¿quieren subirse?” Y varios de nosotros levantamos la mano.

Primero montó un primo el avestruz y yo como buen chismoso me fuí corriendo detrás de él para ver como le hacía para controlarla, darle dirección, velocidad y pararse. Después de un rato de andar tras ellos viendo como hacía todo me acordé que “Quiero montar un avestruz antes de que me muera” estaba en la lista de “Cosas por hacer” del Hoil, así que de las primeras cosas que pensé fue “en cuanto pueda le voy a contar al Hoil que ya monté un avestruz”.

Recuerdo que cuando me lo contó me pareció curioso, ¿qué clase de gente tiene entre su lista de cosas por hacer antes de morir montar un avestruz?, pero bueno es el Hoil y a veces es de esas personas que estupideces o simplezas le parecen divertidísimas. Aún así no lo puedo imaginar montando un avestruz; en Real de 14 iba acariciando a su yegua para que no correteara como los demás caballos y yeguas, le acariciaba un costado y decía “tranquila, tranquila, tu no corras chiquita”.

Cuando era mi turno para finalmente subirme a montar el avestruz me desperté, supongo que si algún día tengo la oportunidad, mi curiosidad hará que me suba al avestruz y lo eche a correr.

El Obispado…

No recuerdo exáctamente la fecha, quizás hace algunos 8 años, esa vez vine por primera vez a Monterrey; el año de internado de medicina de mi hermana había terminado y veníamos por ella con mi familia.

De aquella primera vez no recuerdo muchas cosas y las pocas que recuerdo las contaría con la palma de mi mano. Recuerdo que me impresionó el tamaño de las hamburguesas del Carl’s Jr y el cerro de la loma larga con las luces de colores que decían “Feliz Navidad”, recuerdo vagamente la forma tan extraña del edificio aquel de la escuela de paga y recuerdo que esa vez quisimos subir al cerro del obispado para ver la ciudad. Hasta donde puedo recordar era de noche y ya no se podía pasar para el mirador así que dimos la vuelta y nos fuimos. Tal vez era esa la razón por la cual tenía la curiosidad de ver la ciiudad desde el cerro del obispado, una curiosidad latente que aparecía cada que veía el asta bandera.

El fin de semana pasado 6 de agosto fuí por primera vez al cerro, me acompañó una amiga. No podría describir exáctamente la sensación de pequeñez que sentí al ver la inmensidad del área metropolitana al frente, tan cerca y tan grande como nunca la había percibido antes; esta vez sentí que por primera vez había realmente visto la ciudad en la que he vivido los últimos (casi) 3 años.  Quedé en silencio durante mucho tiempo solamente observando mientras oscurecía,  de pronto me vino el recuerdo aquel de hace 8 años cuando vine con mi familia y me entró una nostalgia singular, no me sentía triste, estaba contento y sentía que no me hacía falta algo y aún así pensaba en mi familia. Estar allí sentando y mirando me hizo querer escuchar algún comentario de mi papá, de esos comentarios que suele hacer respecto a las cosas que ve o hace por primera vez, alguna sensación que trata de explicar, alguna observación acerca de lo que ve, me hizo querer escucharlo. Pensé en toda mi familia, en cuanto tiempo había pasado sin que hubiéramos viajado juntos, me hizo querer compartir con ellos eso que estaba viendo. Quizás no es la vista más hermosa de algún paisaje extraño, quizás no es un animal asombroso que nunca tendrán la oportunidad de ver, quizás no es la ciudad más grande del mundo, la más moderna ni siquiera es una ciudad que no podrán ver algún día, pero quizás el recuerdo de algo que no pude apreciar con ellos me hizo pensar en como hubieran sido las cosas aquella vez.

Fué algo bonito para mi estar allí, una mezcla de tantos sentimientos y ninguno de ellos me provocaba más tristeza que nostalgia, aún así en esos momentos me sentía pleno.

Emmanuel

Lucecitas naranjas…

Entré a la única sala que tiene el Cinema Río 70, uno de los pocos cines de una sola sala que quedan en Monterrey. El alfombrado rojo y las mangueras de luces enmarcando el pasillo y las escaleras me hizo recordar casi instantáneamente a las pocas veces que mis papás nos llevaban de niños a mi y a mis hermanos al cine, estaba tan asombrado y a la vez emocionado que tiré el refresco y las palomitas. Por unos minutos volví a ser niño.

No ha de haber sido fácil cargar con 5 niños y pagarles boletos a todos para entrar a una función de aquellas que en ese entonces se anunciaban como “permanencia voluntaria”. De las últimas veces que recuerdo haber ido al cine de esa forma fue para ver “Jurassic Park”, ya tenía como 9 años, edad suficiente para recordarlo.

Las salas solamente exhibían una película, por lo tanto había varios cines exhibiendo diferentes películas simultáneamente, estaba el “Ariel 2000″ en el llano, y el “Cinéma Géminis” en la Colonia Reforma, este último debía su nombre al para de salas contiguas que tenía para proyectar distintas películas simultáneamente. Lo recuerdo como una experiencia bastante bonita, uno deja de sorprenderse cuando crece, algo que parecía extraordinario de niño parece tan cotidiano de grande, la capacidad de asombro merma y uno se vuelve mezquino, preocupado por todo, uno deja de ser, de creer, de admirar, abrir los ojos y sonreír por el asombro. Extraño eso, la alegría de saber que iríamos al cine, la emoción de ir todos en un coche, bajarse casi corriendo y casi corriendo llegar a comprar los boletos, esa tira de lucecitas anaranjadas alumbrando mis pies mientras pisaban el suelo pegajoso de la sala, el olor a palomitas en bolsas blancas de papel y finalmente salir emocionado por haber estado en el cine. Nadie sabía cuando tendría la oportunidad de ir de nuevo, solamente quedaba ese recuerdo instantáneo de felicidad.

El despertar no tan alegre de un sueño torcido…

Me llevaban en un auto viejo, un auto tipo cavalier tal vez, viejo y con pocos años de vida útil por delante. El que manejaba de vez en cuando leía una Biblia a manera de burla, el copiloto rara vez habló y el que iba a mi lado izquierdo en el asiento de atrás solamente reía con cierta ansiedad. A este último le conocía por un amigo, pero solamente era eso, un conocido.
Yo recordaba que hacia un par de horas me habían acompañado a recoger dinero, algo referente a una póliza, quizás $2000.
Nos dirigíamos a un municipio lejos del centro, quizás a 3 horas en coche sobre caminos de terracería en los que cada cierto tiempo se podía ver un poblado no muy grande a orillas de la carretera. Después de aguantar un par de horas de risas e indirectas, entre momentos de silencio ocasionales para que el conductor se burlara de algún pasaje bíblico supe que yo no era parte de cualquier plan que tuvieran.
Íbamos a mitad del camino, el hombre a mi izquierda le dijo al chofer -no te vayas a rajar puto-, -ya venimos ¿o no?-  contestaba este. El copiloto solamente reía.
Voltee hacia la ventana de mi derecha para ver lo que quizás sería el último pueblo antes de llegar a nuestro destino, probablemente una de las últimas cosas que vería así que pregunté – ¿qué me van a hacer cabrones? – y mientras reían, el hombre sentado a mi derecha dijo -nada- sólo para provocar una segunda ola de risas, esta vez más fuerte.
Como por puro instinto abrí la puerta al pasar un tope, mientras el coche desaceleraba. No fui lo suficientemente rápido por que el hombre a mi derecha me siguió y me agarró de la playera. Mientras forcejeaba, el copiloto hacia disparos al aire con un revolver para que yo dejara de forcejear y gritar, al ver que no me detenía, me hizo un disparo directo que para mi buena suerte erró.
Como llamado por los gritos salió un joven de una tienda, tendría unos 18 años y hacía disparos al aire con una metralleta que traía en las manos. Les dijo a los tres tipos que se fueran y mientras les decía esto, les disparaba a su coche.
Yo tenía las manos en el aire, lloraba y le decía -yo no hice nada, te lo juro- , hizo que me metiera a la tienda y entonces dijo -no has de ser buena persona para que ellos te quieran matar- a lo que respondí todavía llorando y con miedo -sólo lo iban a hacer por diversión, deveras-, -bueno, ahorita viene él patrón- dijo.
Al poco rato entró a la tienda un hombre de bigote, cabello corto y con escoltas. Solamente je dijo -¡ah que pinches amigos tienes!, bueno, de ellos ya nos encargamos-.
Desperté con miedo todavía, eran las 6 de la mañana y agradecí estar con mi familia. Después de calmarme y dormir de nuevo, desperté ya con el claro del día para ver 2 mensajes que decían “hubo balazos y muertos anoche en el café  iguana”.

Cuilapan y sus huéspedes…

Desde que tengo memoria siempre he sido un poco renuente a llevar amigos a mi casa excepto por dos veces, una vez en el kinder cuando la maestra preguntó “¿quién quiere enseñarnos su casa?” y un Emmanuel inocente de 4 años dijo “¡yo!” (todavía ignoro por qué lo hice). Esa vez no recuerdo que me haya sentido mal o bien, pero desde esa vez siempre evité llevar gente a mi casa, hasta la siguiente vez en prepa, cuando otro par de amigos fueron y fue porque llegó un momento en que ya no podía decir “no”.

En Diciembre pasado, mientras revisaba vuelos baratos a Oaxaca, vi que había una promoción de vuelos a 120 pesos (en total el viaje redondo saldría en 500 pesos), una ganga. Les comenté a un par de amigos de la oficina y se apuntaron para ir, así que compramos los boletos para el 5 de Marzo (menos Beto que decidió mejor no ir y quedamos en ir después). Terminamos yendo solamente Gaby, Rajas, Narváez y yo.

En Oaxaca mis viajes resultan baratos por que no gasto en comidas ni hospedaje, la fundación Aquino muy felizmente se encarga de cubrir las necesidades básicas; solamente gastamos cuando comíamos fuera de casa y entradas a algún lado, esta vez no fue la excepción. Recién llegamos fuimos a desayunar junto al llano y luego de dormir un rato fuimos a pasear por el ex-convento que está en Cuilapan dónde fusilaron a Vicente Guerrero y allí estuvimos un rato recorriendo por dentro lo que ahora es un convento vacío; tomamos un par de fotos y regresamos a comer a la casa.

Para cuando volvimos a mi casa, mi hermana ya estaba allí con una amiga de ella que venía del DF, una doctora bien amigable. Terminamos de comer y nos fuimos a San Bartolo Coyotepec, donde se hace la alfarería de barro negro tan famosa fuera de Oaxaca. Llegamos a una tienda de “Doña Rosa” y para suerte atrás de nosotros llegó un grupo de maestros pensionados (o así parecían), de  esos que viajan por varias partes cuando se jubilan y el guía se puso a explicar que al cerro de San Bartolo solamente van los hombres, si van las muejeres el barro se hecha a perder (como todo en la vida, bueno no… bueno… no importa). Esto no es una práctica machista, yo se lo atribuyo más bien a la tradición, posiblemente había alguna razón más grande que se ha ido perdiendo con el tiempo. Yo no sabía (pero mi hermana si) que el barro negro tiene esta forma por que Doña Rosa, la dueña de la tienda (q.e.p.d.) , un día dijo “pues a mi me caga que el barro se vea tan rasposo” [cita requerida] y lo empezó a frotar con un pedazo de cuarzo, esto lo hizo verse más lizo pero a la vez, al contacto con el fuego, le dió ese toque negro que se logra. Después del barro solamente fuimos al mercado 20 de noviembre por unas nieves y luego regresamos a dormir, el plan era andar todo el viaje en bola, mi hermana Sara, su amiga Yolis, Gaby, Rajas, Cristhian y yo (y ocasionalmente Paty).

El siguiente día fue un poco mas tranquilo, fuimos a Hierve el Agua, pasamos por mitla y terminamos comiendo en El Tule empanadas y tomando champurrado. El día  siguiente si fue un día un tanto apretado desde la desmadrugada; nos paramos a las 7 para ir a Monte Albán con un guía que mi papá había contactado, el guía me dió bastante confianza por que desmentía muchas de las cosas que dicen los otros guías, cosas como que “en el juego de pelota se sacrificaba al ganador y era un orgullo morir”, el dice que posiblemente se sacrificaban a los prisioneros de guerra ya que, perder un jugador excepcional repercutía en los intereses de gente que apostaba en los juegos. Me dió confianza que lo contara por que según esto, el ha tenido oportunidad de revisar los escritos que hicieron los primeros españoles acerca de la vida en la Nueva España, esa la única y poca documentación que existe ya que todo lo demás es una suposición. Entre muchas cosas también me hizo recordar que debo volver a ver “Apocalypto”, según él (y aunque la película parece mucho a lo que describe Gary Jennings en Azteca) ese México bárbaro podría asemejarse a lo que él ha leído que se describe. Después de Monte Albán el señor nos dió un recorrido por Santo Domingo también, igual desmentia algunas cosas y enfatizaba algunas otras,  explicaba muy bien el trabajo que se requiere para poner las laminillas de oro en las pinturas ya que él es restaurador y sabe la chamba que representa hacer eso. Terminado todo ese recorrido fuimos a comer a la hacienda Santa Marta comida típica en buffete, y ya medio cansados regresamos a la casa a dormir para regresar el día siguiente a regiolandia.

Disfruté ese viaje por dos cosas, volví a ver cosas que hacía muchos años que no veía como Monte Albán y Hierve el Agua y la segunda y creo que la importante, me hizo ver que no tiene por que ser “extraño” convivir con amigos y familia a la vez, tal vez una parte de mí como que no tenía tan claro como dos cosas y dos ambientes que yo veo distintos pueden llegar a estar presentes en el mismo espacio y al mismo tiempo.  En fin, una buena experiencia.

Los Todos

Los Todos

 

 

 

Emmanuel

La inquietud y la ambición…

No me propuse buscar otro trabajo, realmente me gusta el lugar donde estoy, me ofrece comodidades y beneficios que quizás no encuentre tan fácilmente en otro lado. Aún así, decidí subir mi currículum a una bolsa de trabajo en línea sólo para “ver que más hay”. La razón que creo fue el detonante para hacerlo es que, un día platicando con otra persona de la empresa que está en un rango mayor que el mío (por que tiene maestría) me platicaba de algo que había encontrado y que le facilitaría hacer una tarea que tenía pendiente, cuando me explicó todo le dije, “ah es tal cosa” e hize refrencia a un término de programación que describía lo que me acababa de decir. Después de poner una cara de duda e inseguridad je dijo, “es que hace esto y esto” y con palabras me explicó la definición del término que yo le acababa de decir, lo cual me hizo suponer que no conocía el término. En ese momento me puse a pensar que a mi, estando donde estoy, me iba a tomar cerca de 2 años llegar al nivel laboral que él tiene y eso entonces es irrelevante por que no depende de lo que sepas o tus capacidades. No me considero el hombre más chingón del mundo, pero tampoco ando tan abajo en el promedio; esa situación me hizo sentir que entonces yo trabajaba igual posiblemente y sabía lo mismo que en una persona de un nivel más alto, con la única diferencia que yo gano menos. Si, entonces la razón fue el dinero, y esque aunque no soy un hombre con muchas necesidades monetarias, me sentiría bien si mi esfuerzo y desempeño sé reflejara con unos billetes más en mi bolsa.
Sigo sin buscar trabajo cómo tal, sin embargo, no dejaría pasar una buena oportunidad.

Cierro con una cita de Dwight Schrute:

“Would I ever leave this company? Look, I’m all about loyalty. In fact, I feel like part of what I’m getting paid for here is my loyalty.

But if there were somewhere else that valued that loyalty more highly, I am going wherever they value loyalty the most.”

Emmanuel

Yo no olvido al año viejo…

Después de Navidad yo tenía la idea de que íbamos a organizar algo entre Rajas, Gaby y yo, con miras a que los demás niños perdidos y sin hogar de la oficina se juntaran y pasar un año nuevo entre nosotros. Empezando la semana Gaby nos dijo que ya tenía planes con otra persona así que no podría juntarse con nosotros y por esos mismos días Adri (amiga de Duarte), me habló para saber si queríamos pasar año nuevo en su casa, yo dije que si y Rajas también.

El 31 de Diciembre del 2010 aproximadamente a las 22:00 nos fuimos a casa de Adri, no sin antes pasar por Mr. Jack D. a un Seven. Me dió gusto ver que no éramos los únicos, Duarte estaba allá y también otra amiga de ellas, así que no seríamos los únicos arrimados. El papá de Adri (un tipazo el señor, que por cierto es de familia Oaxaqueña) hizo un estofado que me gustó bastante, por como se veía y como sabía. Era un estofado con carne, papas, chícharos y cebollas, sabía super rico por que todo estaba hervido en la misma olla, obviamente llevaba algunas otras hierbas pero eso era lo que yo alcancé a ver. Duarte llevó unos rollos de carne que no sabía como se llamaban pero estaban igual de buenos.

Después de la comida nos fuimos al corredor donde el don ya había puesto todas las bebidas en una mesita, ya lo dije, un tipazo el señor. Allí todo fué música, el señor Jack y yo, luego llegó Kluzter y otros amigos de Mónica y Adri. Por fin que después de N horas Rajas se fué a la casa y me dejó con Rob allí. Yo solo recuerdo que desperté en un sillón tapado y cuando volteé todos estaban allí al lado en la sala. Adri ya estaba calentando los hotcakes para desayunar :) . Desayunamos (como a la 1 de la tarde) y me fuí con Roberto, no sin antes llevarme un bonche de comida que me dió la mamá de Adri (el equivalente a “tipazo” pero en mujer). Ya dije que cuando sea grande quiero ser así de alivianado como ellos.

Ese día llegué como 1:30 a la casa y dormí como hasta las 6.

¡Qué chingón el fin de año!

Emmanuel.

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