El despertar no tan alegre de un sueño torcido…

Me llevaban en un auto viejo, un auto tipo cavalier tal vez, viejo y con pocos años de vida útil por delante. El que manejaba de vez en cuando leía una Biblia a manera de burla, el copiloto rara vez habló y el que iba a mi lado izquierdo en el asiento de atrás solamente reía con cierta ansiedad. A este último le conocía por un amigo, pero solamente era eso, un conocido.
Yo recordaba que hacia un par de horas me habían acompañado a recoger dinero, algo referente a una póliza, quizás $2000.
Nos dirigíamos a un municipio lejos del centro, quizás a 3 horas en coche sobre caminos de terracería en los que cada cierto tiempo se podía ver un poblado no muy grande a orillas de la carretera. Después de aguantar un par de horas de risas e indirectas, entre momentos de silencio ocasionales para que el conductor se burlara de algún pasaje bíblico supe que yo no era parte de cualquier plan que tuvieran.
Íbamos a mitad del camino, el hombre a mi izquierda le dijo al chofer -no te vayas a rajar puto-, -ya venimos ¿o no?-  contestaba este. El copiloto solamente reía.
Voltee hacia la ventana de mi derecha para ver lo que quizás sería el último pueblo antes de llegar a nuestro destino, probablemente una de las últimas cosas que vería así que pregunté – ¿qué me van a hacer cabrones? – y mientras reían, el hombre sentado a mi derecha dijo -nada- sólo para provocar una segunda ola de risas, esta vez más fuerte.
Como por puro instinto abrí la puerta al pasar un tope, mientras el coche desaceleraba. No fui lo suficientemente rápido por que el hombre a mi derecha me siguió y me agarró de la playera. Mientras forcejeaba, el copiloto hacia disparos al aire con un revolver para que yo dejara de forcejear y gritar, al ver que no me detenía, me hizo un disparo directo que para mi buena suerte erró.
Como llamado por los gritos salió un joven de una tienda, tendría unos 18 años y hacía disparos al aire con una metralleta que traía en las manos. Les dijo a los tres tipos que se fueran y mientras les decía esto, les disparaba a su coche.
Yo tenía las manos en el aire, lloraba y le decía -yo no hice nada, te lo juro- , hizo que me metiera a la tienda y entonces dijo -no has de ser buena persona para que ellos te quieran matar- a lo que respondí todavía llorando y con miedo -sólo lo iban a hacer por diversión, deveras-, -bueno, ahorita viene él patrón- dijo.
Al poco rato entró a la tienda un hombre de bigote, cabello corto y con escoltas. Solamente je dijo -¡ah que pinches amigos tienes!, bueno, de ellos ya nos encargamos-.
Desperté con miedo todavía, eran las 6 de la mañana y agradecí estar con mi familia. Después de calmarme y dormir de nuevo, desperté ya con el claro del día para ver 2 mensajes que decían “hubo balazos y muertos anoche en el café  iguana”.

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