El Obispado…

No recuerdo exáctamente la fecha, quizás hace algunos 8 años, esa vez vine por primera vez a Monterrey; el año de internado de medicina de mi hermana había terminado y veníamos por ella con mi familia.

De aquella primera vez no recuerdo muchas cosas y las pocas que recuerdo las contaría con la palma de mi mano. Recuerdo que me impresionó el tamaño de las hamburguesas del Carl’s Jr y el cerro de la loma larga con las luces de colores que decían “Feliz Navidad”, recuerdo vagamente la forma tan extraña del edificio aquel de la escuela de paga y recuerdo que esa vez quisimos subir al cerro del obispado para ver la ciudad. Hasta donde puedo recordar era de noche y ya no se podía pasar para el mirador así que dimos la vuelta y nos fuimos. Tal vez era esa la razón por la cual tenía la curiosidad de ver la ciiudad desde el cerro del obispado, una curiosidad latente que aparecía cada que veía el asta bandera.

El fin de semana pasado 6 de agosto fuí por primera vez al cerro, me acompañó una amiga. No podría describir exáctamente la sensación de pequeñez que sentí al ver la inmensidad del área metropolitana al frente, tan cerca y tan grande como nunca la había percibido antes; esta vez sentí que por primera vez había realmente visto la ciudad en la que he vivido los últimos (casi) 3 años.  Quedé en silencio durante mucho tiempo solamente observando mientras oscurecía,  de pronto me vino el recuerdo aquel de hace 8 años cuando vine con mi familia y me entró una nostalgia singular, no me sentía triste, estaba contento y sentía que no me hacía falta algo y aún así pensaba en mi familia. Estar allí sentando y mirando me hizo querer escuchar algún comentario de mi papá, de esos comentarios que suele hacer respecto a las cosas que ve o hace por primera vez, alguna sensación que trata de explicar, alguna observación acerca de lo que ve, me hizo querer escucharlo. Pensé en toda mi familia, en cuanto tiempo había pasado sin que hubiéramos viajado juntos, me hizo querer compartir con ellos eso que estaba viendo. Quizás no es la vista más hermosa de algún paisaje extraño, quizás no es un animal asombroso que nunca tendrán la oportunidad de ver, quizás no es la ciudad más grande del mundo, la más moderna ni siquiera es una ciudad que no podrán ver algún día, pero quizás el recuerdo de algo que no pude apreciar con ellos me hizo pensar en como hubieran sido las cosas aquella vez.

Fué algo bonito para mi estar allí, una mezcla de tantos sentimientos y ninguno de ellos me provocaba más tristeza que nostalgia, aún así en esos momentos me sentía pleno.

Emmanuel

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