Alguna vez dije que en este desmadre de inseguridad que se vive en una ciudad como Monterrey empiezas a oir cada vez más cercanas a tu círculo de amigos las historias de violencia, robos, asaltos, etc, hasta que un día ese círculo de historias alrededor se hace tan pequeño que finalmente te toca a tí.
Era miércoles 9 de noviembre como a las 19:00 y sonó mi celular, yo seguía en el trabajo, era Rajas que hacía 10 minutos me había dicho que ya iba para la casa. Cuando ví la llamada lo primero que pensé fue que quizás necesitaba que comprara algo para la casa o algún favor similar y también pensé que podría tratarse de algo que estaba mal aunque a este último pensamiento no le quería dar tantas posibilidades.
- ¿Qué pedo?.
- Ya valió madre wey.
-¿Qué pedo, qué pasó?
-Entraron a robar a la casa
Esa última frase me hizo instintivamente sentirme vulnerado e inmediatamente revisé mis bolsas como si la primera reacción de mi cerebro hubiera sido “wey, te acaban de decir que te robaron, revisa tus bolsas a ver si tienes todo lo que deberías tener en ellas”, cuando reaccioné dejé lo que estaba haciendo y me fuí a la casa lo más rápido que pude, mentando madres en el camino y pensando en todas las cosas que seguramente ya no tenía.
Cuando llegué vi que la puerta estaba dañada y doblada a la altura de las chapas, era una puerta como de aluminio con panel de madera, con poca protección si, pero se supone que en fraccionamiento con seguridad en la entrada no deberían pasar tan fácil estas cosas. Cuando entré a mi cuarto ví que los boletos que guardo (de conciertos a los que voy) estaban en el piso, mi Wii estaba tirado en el piso, faltaba mi computadora, faltaba la mochila de la computadora y faltaba la tele. No sé si en algun momento los culeros de los rateros tuvieron ciertas consideraciones por que dejaron mis discos duros externos y una carpeta con papeles (ninguno importante) que estaba dentro de la mochila que se llevaron, ya después cuando recogí todo me di cuenta que los hijos de puta también se habían llevado un boleto autografiado por Mastodon que yo tenía en el ropero. Del cuarto de Rajas se llevaron la tele, la cual descolgaron de su base de pared, su PS3 y un perfume.
Después de un rato llegó la ministerial y media hora después de estos llegaron los que recogen huellas digitales (como quiera que se llamen). Para variar, el pendejo del guardia de la puerta argumentaba que había revisado todos los coches que salían, cosa que es una estupidez por que de haber sido así habría visto que uno de esos coches llevaba 2 teles, un PS3 y una computadora. Sabemos que fué con un coche por que el vecino de enfrente vió que la puerta estaba abierta y vió un coche cerca, pero pensó que se trataba de nosotros y que habíamos ido a comer, no lo culpo, a veces vamos a comer a esa hora y dejamos la puerta abierta. Ese día en la noche mientras cenábamos nos tomamos unas cervezas para tratar de calmarnos un poco y al día siguiente en la mañana fuimos finalmente a poner la denuncia.
Tengo sentimientos encontrados por que se que “solamente fueron cosas materiales” lo que se llevaron, pero son cosas que no deberían pasar. No puedo dejar de pensar que seguramente sabían a que hora nos íbamos y a que hora no estábamos y tampoco dejo de pensar en qué habría pasado si por casualidad hubiera ido ese día a la casa a la hora de la comida, pienso y me da coraje, volteo a ver la mesa donde estaba mi computadora y me da coraje. Aunque todo parece olvidarse después de un tiempo, como cuando revuelves el agua de tamarindo y lo más denso se asienta en el fondo, cuando pasa algo así hacemos corajes durante uno o dos días, poco tiempo después uno a veces lo asimila y piensa “ya ni modo, ya pasó”, que triste asimilarlo, que triste y que pena acostumbrase a lo malo.
Recuerdo que una vez en la secundaria regresando de alguna excursión en el autobús de la escuela le presté a un amigo mío una gorra y se le cayó por la ventanilla, un cobrador (de esos que van colgados en la puerta del autobús cobrando y anunciando la ruta) en el camión de al lado la recogió y no la quiso devolver. Cuando llegamos a la escuela me bajé rápido del autobús y fuí tras el autobús donde iba el cobrador (obviamente iba más lento por que iba haciendo paradas) pero no lo alcancé, corrí hasta el estadio de beisbol donde para mi suerte había varios policías a quienes les conté todo y dijeron que me ayudarían pero el camión se fué. Esperamos que el camión regresara (como es una ruta fija debería regresar por el mismo lugar) pero me distraje y no lo ví a tiempo cuando volvió, tendría paciencia pues tenía que pasar una vez más para completar una vuelta exacta hasta el estadio donde lo estaría esperando con los policías. Estuve esperando más de una hora con los policías acompañándome y mis papás tratando de convencerme de irnos a la casa y olvidar la gorra, no lo haría, no era lo justo. Cuando finalmente el camión volvió a pasar frente al estadio mi papá y yo le hicimos la parada y le dije al cobrador que esa era mi gorra y me la había quitado, el chofer se paró de su asiento con su actitud altanera dispuesto a bajarse a discutir (o pelear) pero vió a los policías detrás de mi y lo único que dijo fue “devuélvele la gorra”. Ese día pensé que nunca iba a dejar que alguien que me robara o por lo menos no iba a ser tan fácil, no podría permitirme que me robaran sin siquiera trata de evitarlo, sin tratar de defenderme. Tal vez esa es la razón por la que ahora veces me enojo un poco cuando pienso en los “si hubiera” o en por qué fue tan fácil que nos robaran, me hubiera gustado poder hacer algo para tratar de evitarlo, tal vez si hubiera llegado a esa hora le hubiera llamado a la policía o hubiera hecho escándalo, pero tal vez si llevaban pistolas me hubieran amenazado y todo hubiera salido diferente, tal vez no debería seguir pensando en eso y debería resignarme y decir “bueno, ya ni pedo”.
Emmanuel