Cansado y un poco fastidiado por el trabajo, llegaba a su oficina y le preguntaba “¿no tienes un churrito?”, “¡claro!” decía. Lo sacaba, me daba el primer toque y me relajaba bastante, se me olvidaba todo y estaba en paz de nuevo, después de otros 3 o 4 toques el también le daba unos y apagaba el cigarro a la mitad por que más tarde tenía una conferencia. Nos quedábamos tirados en el sillón viendo pasar el tiempo. Poco más tarde cuando el efecto estaba pasando, lo llamaron.
- ¡Señor presidente!
- ¡ Ya salgo !
- Oye, muchas gracias.
- No te preocupes, de nada.
Soñé que fumaba un churrito de mota con Felipe Calderón. Esos son sueños, no chingaderas.
Emmanuel.