Los medios en estos días.

Recuerdo cuando llegué a regiolandia, prendí la tele y ví que estaba pasando una mamada de programa con “muñequitas” y botargas en forma de niños. Hacían un programa especial con los matachines que estaban ensayando sus bailes para la basílica, en ese momento pensé: “ah la verga, esta pinche programación está de la chingada” y se acabó. De vez en cuando prendía la tele y ponía las noticias, a veces le cambiaba de canal y estaba chavana con un chorro de viejas en minifalda y obviamente le dejaba un rato cuando se ponían a bailar. Ahorita ya ni tele tengo desde que me la robaron y no me ha hecho falta. De vez en cuando, cuando andan con las pendejadas de multimedio en Facebook o Twitter veo de que se trata, a veces me roba una risa y ya, me pongo a ver otras cosas, a veces busco en “La Rocka” los eventos de la semana o en la gazeta cultural de nuevo león. Platicaba con Beto acerca de como la gente se desgarra las vestiduras y se las dan acá de defensores de cultura y promotores del buen saber y el buen leer. A veces dan hueva.

Dibujos emocionales…

Recuerdo cuando nos despedimos y me dijiste que me iba a arrepentir. Me acuerdo también cuánto me costó esa pequeña separación, cuantas veces recalcaste el error con coraje por dejarte atrás, con tristeza por despedirnos. Dejamos de ser, dejamos de andar y dejamos de vivir.

Algún día fuiste esa persona que a veces quiero ser, algún día me cuidaste de todas esas cosas tontas que uno hace irracionalmente. Tenías la cabeza fría para tomar decisiones, tenías todo bajo control cuando se trataba de no sentirte mal. Me decías que no valía la pena y yo te creía. Confíaba en ti y aunque, tu no confiabas tanto en mi, me cuidabas, me abrazabas cuando estaba triste y todo mejoraba.

Ahora te siento tan distante, tan en silencio, tan fuera de mi. Quisiera poder volver a ser esa persona que me hacias ser, con toda esa insensibilidad ante las cosas que llamabas tontas.

¿Y si volvieras?, ¿y si todo fuera como antes?

Creo que conozco esta historia, la siento tan vieja como nueva, fresca como seca, tan alegre como triste, tan ajena como mía. Propia, de tiempo atrás y recuerdos similares, encendida, apagada a veces y otras triste. Recuerdo esta historia nueva y te recuerdo a ti, con el temple de antes, con la cara en alto y la mirada al frente, sonriente. Con el valor de hacer y decir lo que yo no pude, con la franqueza y seriedad que otorga el coraje, valiente.

Te recuerdo tan distante en esta historia tan presente, vuelvo a recordarte en momentos como este. Con tu apoyo salí adelante muchas veces, detrás de ti oculté mi cara en situaciones tristes y tu me defendiste, con razón o sin razón, pero sin pedir perdón. Para mi siempre tuviste la razón, porque el estar contigo me hacía fuerte, me hacía sentir valioso e invulnerable. Hoy te extraño simplemente, como quizás no extraño a nadie más, pero sólo hoy.

No me arrepiento de haberte dicho adiós aquel día, quizás era lo mejor, decirnos adios y dejarte a un lado, con todo tu coraje y con todo mi miedo, quizás era lo más sano. Aunque hoy me siento igual que ayer, cuando estabas conmigo, con ese sentimentalismo que te molestaba, del cual me advertías no obtendría nada bueno. Quizás por eso pienso en ti, por que te extraño, porque recuerdo cuando estabas conmigo y añoro un poco lo que fuimos.

Este espacio en blanco para escribir y borrar, una tinta vieja que da pena recalcar y unas manos cansadas de no hablar.

Emmanuel
(carta a mi mismo)

Todos mis amigos se están casando…

Me puse a escuchar esta rola de Mongosaurio por recomendación de el Hoil. A veces tiene recomendaciones que (generalmente) me hacen pensar que no están tan chingonas, como aquella vez que me recomendó escuchar “La radiolina” de Manu Chao. Antes había escuchado ya el disco y no me pareció tan chingón como los otros de Manu Chao, tiempo después le dí otra oportunidad y pensé “si ,tenía razón este wey”.

Escuchando la rolita esta me puse a pensar en todos mis cuates que se casan este año. Isay, por ejemplo, se casó el pasado 21 de Julio. Pinche Isay, recuerdo tantas cosas de esa relación que me dió mucho gusto verlo finalmente casado con aquella chava a la que yo tuve que comprarle flores por su cumpleaños; a la que fuimos a despertar esa madrugada que Isay se puso pedísimo y azotó el celular contra el suelo y lo rompió, esa misma noche cuando salió corriendo del coche en movimiento para irse a su casa a gritar y golpear la puerta, buenos tiempos.

Ese mismo día tenía la boda del buen Villa, con quien pasamos el rato cuando me mandaron por trabajo a Virginia, semansa que fueron eternas en el cuarto de un  hotel y que sólamente platicar alivianaba todo.

El que sigue es Joel, con quien agarramos la costumbre hace un par de años de ir los viernes por tacos a los puestecitos que había cerca de la oficina. Recuerdo que una vez lo acompañamos a cuidar la casa de sus amigos y allí agarramos el pedo con Pisco. Desayunamos tacos de barbacoa y yo me quedé dormido en el asiento del copiloto de Rajas, según yo, yo le iba a dar indicaciones de como salir de allí.

El siguiente es Betito. Conviví realmente poco con él pero se hizo buen amigo, alegre, pachanguero y me atrevería a decir que “nefastea” más intenso que yo cuando toma y eso ya es algo. Betito se casa en Córdoba,  es buena oportunidad de ver donde vive mi hermana y ver a los amigos de nuevo, irá Hoil y Gaby, los cuales hace mucho que no veo.

Luis Jorge se casa a la siguiente semana de la boda de Betito. Luis y yo llegamos a Monterrey con 10 días de diferencia y desde entonces ocasionalmente nos visitamos para una carne asada o pasar el rato. En un par de horas de hecho, voy a ir a la iglesia a ser algo así como su testigo para su presentación.

Marce se casa en Noviembre con Adrián. Recuerdo que aquella vez que llegué a Mazatlán donde ellos ya llevaban un par de días y Gaby me dijo “creo que andan ya o algo” y no le creí. Hasta un rato después que salimos, ellos salían juntos como si fueran novios de hace tiempo.  Creo que de Marce lo que más recuerdo es una vez que me dijo “¿me acompañas a Saltillo a una fiesta de un amigo?” y contesté “pues si, no tengo nada mejor que hacer”. Por mucho tiempo el recordar eso, me hará pensar en pensar dos veces antes de contestar por contestar.

Nacho no se exáctamente cuando se casa, creo que en Noviembre. Buenas fiestas en la terraza en casa de nacho, tantas y tan agradables todas. Noches de carne asada, cervezas y pláticas de madrugada. O entre semana después de un partido de fut, o los domingos “para ver el partido”. Recuerdo aquella vez que ya medio borrachos después de la fiesta de Beto y de una amiga de ellos en una quinta, llegamos de madrugada el domingo a almorzar menudo al mercado Juárez. Incluso iba Toño con nosotros ese día.

Toño, el fue el primero. Me dió mucho gusto verlo feliz y casado. Más ahora que se ve que está contento viviendo allá, en Austin. Compañero de aventura y recuerdos.

Buenos amigos todos, todos se están casando…

Emmanuel

 

 

 

De cambios laborales…

Pues si, hace un chingo (como 2 meses) que dejé de trabajar en un lugar donde el 95 % de las veces me sentí a agusto, cómodo, conforme. Quizás esa conformidad me llevó a despertarme varios días pensando que no pasaría del mismo lugar en mucho tiempo y eso trajo la sensación de estancamiento. A veces sin buscar directamente otras opciones, indirectamente las consideraba, pasé del “no gracias, no me interesa” al “pues si, seguimos con el proceso” y tiempo después de no darse cosas que en su momento me parecieron atractivas me llegó una opción no tan fija, no  tan segura pero con mejor paga. Era la oportunidad que buscaba, si bien es un trabajo temporal, para mi fué como una lanchita para salir de la isla donde estaba, donde la pasé bastante bien y aprendí muchas cosas pero lamentablemente ya la conocía, sabía a donde llegaban los caminos y sabía que a algunos destinos por x o y razón no llegaría en mucho tiempo.

Un día me armé de valor (por que me costó trabajo) hablé con RH y finalmente les dije “tengo otra oferta así que la voy a tomar, muchas gracias por todo” y así como llegué un primero de Octubre del 2008 a esa empresa, me fuí. Sin pena ni gloria, sin palabras de motivación o de aliento,  sin “regresa pronto”, sin palmaditas en la espalda ni “buena suerte”. Para mi esa empresa había cambiado un poco, los amigos que hice se habían ido hace tiempo y quedaban otros pocos pero aún así no sentía que las cosas fueran igual; pensé que me iba a costar mucho acostumbrarme a la idea de irme de allí, de estar haciendo otra cosa en otro lado pero no.

Llevo ya 2 meses trabajando desde mi casa y no siento tanta nostalgia como pensaba, fue como despedirse de alguien a quien aprecias pero dejas por las buenas, das las gracias, te despides, volteas hacia adelante y piensas “pues lo que sigue”.

Emmanuel.

Viajando en sueños

Viajaba a la India junto con un par de amigos, el último día del viaje decidí salir a caminar y luego, mientras caminaba por la ciudad, me perdía entre una peregrinación o algo parecido, había mucha gente vestida de blanco, algunos parecían Sikhs. Cada que quería tomar una calle diferente para evitar la peregrinación me aparecían de frente y tenía qué correr a una dirección diferente. Después de mucho tratar de eaquivar entré a un lugar que a primera vista me pareció un museo porque pensé que estaban haciendo un tipo de restauración a piezas de alfarería, después de un rato caí en la cuenta de que no, realmente era una casa y había gente haciento cántaros.
Curiosamente la gente que vivía allí hablaba español y se portaron amables conmigo, me dijeron que me podían enseñar como regresar al hotel, cosa que agradecí mucho. Me encaminaron 2 hermanas, íbamos caminando a la orilla de un río que se veía café de lo sucio qué estaba, inclusive flotaban restos de animales, platicando y pregutando cosas lógicas como de dónde eran y qué hacían allí me dijeron que eran de Oaxaca ( ¡ja!) , que hacía ya varios años su papá decidió mudarse allí y seguir con sus negocios desde allí aunque no aclararon que negocios. Continuamos caminando y llegamos a un lugar que yo reconocía por que estaba cerca del hotel, la hermana mayor dijo “bueno, pues nosotros nos quedamos acá por que acá está el negocio”, volteé y vi una tienda, una dulcería y en los anuncios ví uno que me pareció familiar pero hacia mucho no veía.

– ¡chocolate la vaquita, tu papá es el dueño de chocolate la vaquita!

– así es

– oye, pues muchas gracias por ayudarme y mucho gusto en conocerlas, ¿cómo te llamas?

– (dijo un nombre que no recuerdo)

– bueno, mucho gusto y gracias de nuevo, me tengo que ir.

Regresando al hotel todo mundo tenia prisa, apenas estábamos a tiepo para salir al aeropuerto yyo ya estaba retrasado por andar de novedoso conociendo la ciudad a pie. Entre a desesperación de arreglar mi maleta y demás cosas se me caía el celular al piso y se rompía la pantalla, bueno, ya qué.

Desperté un rato y la angustia de celular roto seme quitó, ví que aún era temprano, que chingón se siente viajar en sueños, pensé. Decidí que volvería  a dormir para intentarlo de nuevo y para mi buena suerte así fué.

Viajaba en un barco pesquero, el barco se paraba a orillas de las costas de los países y esta vez estábamos cerca de Sidney, al anclar nos aventámos al agua y nadamos a la orilla para conocer la ciudad, yo viajaba con algún conocido y otros amigos ya estaban allí para cuando nosotros llegamos a la orilla.

Lo primero fue cambiar los pesos por dólares australianos, la taza de cambio era algo como 40 pesos por un dolar, yo no tenía mi cartera conmigo así que pedía dinero y sólamente podían prestarme 300 pesos, aunque no iba a hacer mucho con 7 dólares. La señora de la ventanilla me dijo que el billete de 100 parecía falso asi que tenía que firmarle una hoja donde me responsabilizaba de la autenticidad del billete y de ser falso me iban a cobrar multas de todo tipo; titubeé y mejor no lo firmé y llamé a un amigo que me dijo “no es un billete, es un cupón de 100 pesos”. Entre todo el tiempo que perdó verificando el billete perdí mi lugar en la fila y para ese entonces era demasiado larga, pero para mi fortuna me dí cuenta que mi cartera había estado en mi bolsa todo el tiempo así que pensé “a la chingada, voy a tratar de pagar con la tarjeta de crédito mejor” y nos fuios a conocer el centro de Sidney.

Un churrito con el presidente…

Cansado y un poco fastidiado por el trabajo, llegaba a su oficina y le preguntaba “¿no tienes un churrito?”, “¡claro!” decía. Lo sacaba, me daba el primer toque y me relajaba bastante, se me olvidaba todo y estaba en paz de nuevo, después de otros 3 o 4 toques el también le daba unos y apagaba el cigarro a la mitad por que más tarde tenía una conferencia. Nos quedábamos tirados en el sillón viendo pasar el tiempo. Poco más tarde cuando el efecto estaba pasando, lo llamaron.

– ¡Señor presidente!

– ¡ Ya salgo !

– Oye, muchas gracias.

– No te preocupes, de nada.
Soñé que fumaba un churrito de mota con Felipe Calderón. Esos son sueños, no chingaderas.

 

Emmanuel.

Cuando se cierra el círculo…

Alguna vez dije que en este desmadre de inseguridad que se vive en una ciudad como Monterrey empiezas a oir cada vez más cercanas a tu círculo de amigos las historias de violencia, robos, asaltos, etc, hasta que un día ese círculo de historias alrededor se hace tan pequeño que finalmente te toca a tí.

Era miércoles 9 de noviembre como a las 19:00 y sonó mi celular, yo seguía en el trabajo, era Rajas que hacía 10 minutos me había dicho que ya iba para la casa. Cuando ví la llamada lo primero que pensé fue que quizás necesitaba que comprara algo para la casa o algún favor similar y también pensé que podría tratarse de algo que estaba mal aunque a este último pensamiento no le quería dar tantas posibilidades.

– ¿Qué pedo?.

– Ya valió madre wey.

-¿Qué pedo, qué pasó?

-Entraron a robar a la casa

Esa última frase me hizo instintivamente sentirme vulnerado e inmediatamente revisé mis bolsas como si la primera reacción de mi cerebro hubiera sido “wey, te acaban de decir que te robaron, revisa tus bolsas a ver si tienes todo lo que deberías tener en ellas”, cuando reaccioné dejé lo que estaba haciendo y me fuí a la casa lo más rápido que pude, mentando madres en el camino y pensando en todas las cosas que seguramente ya no tenía.

Cuando llegué vi que la puerta estaba dañada y doblada a la altura de las chapas, era una puerta como de aluminio con panel de madera, con poca protección si, pero se supone que en fraccionamiento con seguridad en la entrada no deberían pasar tan fácil estas cosas. Cuando entré a mi cuarto ví que los boletos que guardo (de conciertos a los que voy) estaban en el piso, mi Wii estaba tirado en el piso, faltaba mi computadora, faltaba la mochila de la computadora y faltaba la tele. No sé si en algun momento los culeros de los rateros tuvieron ciertas consideraciones por que dejaron mis discos duros externos y una carpeta con papeles (ninguno importante) que estaba dentro de la mochila que se llevaron, ya después cuando recogí todo me di cuenta que los hijos de puta también se habían llevado un boleto autografiado por Mastodon que yo tenía en el ropero. Del cuarto de Rajas se llevaron la tele, la cual descolgaron de su base de pared, su PS3 y un perfume.

Después de un rato llegó la ministerial y media hora después de estos llegaron los que recogen huellas digitales (como quiera que se llamen).  Para variar, el pendejo del guardia de la puerta argumentaba que había revisado todos los coches que salían, cosa que es una estupidez por que de haber sido así habría visto que uno de esos coches llevaba 2 teles, un PS3 y una computadora. Sabemos que fué con un coche por que el vecino de enfrente vió que la puerta estaba abierta y vió un coche cerca, pero pensó que se trataba de nosotros y que habíamos ido a comer, no lo culpo, a veces vamos a comer a esa hora y dejamos la puerta abierta. Ese día en la noche mientras cenábamos nos tomamos unas cervezas para tratar de calmarnos un poco y al día siguiente en la mañana fuimos finalmente a poner la denuncia.

Tengo sentimientos encontrados por que se que “solamente fueron cosas materiales” lo que se llevaron, pero son cosas que no deberían pasar. No puedo dejar de pensar que seguramente sabían a que hora nos íbamos y a que hora no estábamos y tampoco dejo de pensar en qué habría pasado si por casualidad hubiera ido ese día a la casa a la hora de la comida, pienso y me da coraje, volteo a ver la mesa donde estaba mi computadora y me da coraje. Aunque todo parece olvidarse después de un tiempo, como cuando revuelves el agua de tamarindo y lo más denso se asienta en el fondo, cuando pasa algo así hacemos corajes durante uno o dos días, poco tiempo después uno a veces lo asimila y piensa “ya ni modo, ya pasó”, que triste asimilarlo, que triste y que pena acostumbrase a lo malo.

Recuerdo que una vez en la secundaria regresando de alguna excursión en el autobús de la escuela le presté a un amigo mío una gorra y se le cayó por la ventanilla, un cobrador (de esos que van colgados en la puerta del autobús cobrando y anunciando la ruta) en el camión de al lado la recogió y no la quiso devolver. Cuando llegamos a la escuela me bajé rápido del autobús y fuí tras el autobús donde iba el cobrador (obviamente iba más lento por que iba haciendo paradas) pero no lo alcancé, corrí hasta el estadio de beisbol donde para mi suerte había varios policías a quienes les conté todo y dijeron que me ayudarían pero el camión se fué. Esperamos que el camión regresara (como es una ruta fija debería regresar por el mismo lugar) pero me distraje y no lo ví a tiempo cuando volvió, tendría paciencia pues tenía que pasar una vez más para completar una vuelta exacta hasta el estadio donde lo estaría esperando con los policías. Estuve esperando más de una hora con los policías acompañándome y mis papás tratando de convencerme de irnos a la casa y olvidar la gorra, no lo haría, no era lo justo. Cuando finalmente el camión volvió a pasar frente al estadio mi papá y yo le hicimos la parada y le dije al cobrador que esa era mi gorra y me la había quitado, el chofer se paró de su asiento con su actitud altanera dispuesto a bajarse a discutir (o pelear) pero vió a los policías detrás de mi y lo único que dijo fue “devuélvele la gorra”. Ese día pensé que nunca iba a dejar que alguien que me robara o por lo menos no iba a ser tan fácil, no podría permitirme que me robaran sin siquiera trata de evitarlo, sin tratar de defenderme. Tal vez esa es la razón por la que ahora  veces me enojo un poco cuando pienso en los “si hubiera” o en por qué fue tan fácil que nos robaran, me hubiera gustado poder hacer algo para tratar de evitarlo, tal vez si hubiera llegado a esa hora le hubiera llamado a la policía o hubiera hecho escándalo, pero tal vez si llevaban pistolas me hubieran amenazado y todo hubiera salido diferente, tal vez no debería seguir pensando en eso y debería resignarme y decir “bueno, ya ni pedo”.

Emmanuel