Cuilapan y sus huéspedes…

Desde que tengo memoria siempre he sido un poco renuente a llevar amigos a mi casa excepto por dos veces, una vez en el kinder cuando la maestra preguntó “¿quién quiere enseñarnos su casa?” y un Emmanuel inocente de 4 años dijo “¡yo!” (todavía ignoro por qué lo hice). Esa vez no recuerdo que me haya sentido mal o bien, pero desde esa vez siempre evité llevar gente a mi casa, hasta la siguiente vez en prepa, cuando otro par de amigos fueron y fue porque llegó un momento en que ya no podía decir “no”.

En Diciembre pasado, mientras revisaba vuelos baratos a Oaxaca, vi que había una promoción de vuelos a 120 pesos (en total el viaje redondo saldría en 500 pesos), una ganga. Les comenté a un par de amigos de la oficina y se apuntaron para ir, así que compramos los boletos para el 5 de Marzo (menos Beto que decidió mejor no ir y quedamos en ir después). Terminamos yendo solamente Gaby, Rajas, Narváez y yo.

En Oaxaca mis viajes resultan baratos por que no gasto en comidas ni hospedaje, la fundación Aquino muy felizmente se encarga de cubrir las necesidades básicas; solamente gastamos cuando comíamos fuera de casa y entradas a algún lado, esta vez no fue la excepción. Recién llegamos fuimos a desayunar junto al llano y luego de dormir un rato fuimos a pasear por el ex-convento que está en Cuilapan dónde fusilaron a Vicente Guerrero y allí estuvimos un rato recorriendo por dentro lo que ahora es un convento vacío; tomamos un par de fotos y regresamos a comer a la casa.

Para cuando volvimos a mi casa, mi hermana ya estaba allí con una amiga de ella que venía del DF, una doctora bien amigable. Terminamos de comer y nos fuimos a San Bartolo Coyotepec, donde se hace la alfarería de barro negro tan famosa fuera de Oaxaca. Llegamos a una tienda de “Doña Rosa” y para suerte atrás de nosotros llegó un grupo de maestros pensionados (o así parecían), de  esos que viajan por varias partes cuando se jubilan y el guía se puso a explicar que al cerro de San Bartolo solamente van los hombres, si van las muejeres el barro se hecha a perder (como todo en la vida, bueno no… bueno… no importa). Esto no es una práctica machista, yo se lo atribuyo más bien a la tradición, posiblemente había alguna razón más grande que se ha ido perdiendo con el tiempo. Yo no sabía (pero mi hermana si) que el barro negro tiene esta forma por que Doña Rosa, la dueña de la tienda (q.e.p.d.) , un día dijo “pues a mi me caga que el barro se vea tan rasposo” [cita requerida] y lo empezó a frotar con un pedazo de cuarzo, esto lo hizo verse más lizo pero a la vez, al contacto con el fuego, le dió ese toque negro que se logra. Después del barro solamente fuimos al mercado 20 de noviembre por unas nieves y luego regresamos a dormir, el plan era andar todo el viaje en bola, mi hermana Sara, su amiga Yolis, Gaby, Rajas, Cristhian y yo (y ocasionalmente Paty).

El siguiente día fue un poco mas tranquilo, fuimos a Hierve el Agua, pasamos por mitla y terminamos comiendo en El Tule empanadas y tomando champurrado. El día  siguiente si fue un día un tanto apretado desde la desmadrugada; nos paramos a las 7 para ir a Monte Albán con un guía que mi papá había contactado, el guía me dió bastante confianza por que desmentía muchas de las cosas que dicen los otros guías, cosas como que “en el juego de pelota se sacrificaba al ganador y era un orgullo morir”, el dice que posiblemente se sacrificaban a los prisioneros de guerra ya que, perder un jugador excepcional repercutía en los intereses de gente que apostaba en los juegos. Me dió confianza que lo contara por que según esto, el ha tenido oportunidad de revisar los escritos que hicieron los primeros españoles acerca de la vida en la Nueva España, esa la única y poca documentación que existe ya que todo lo demás es una suposición. Entre muchas cosas también me hizo recordar que debo volver a ver “Apocalypto”, según él (y aunque la película parece mucho a lo que describe Gary Jennings en Azteca) ese México bárbaro podría asemejarse a lo que él ha leído que se describe. Después de Monte Albán el señor nos dió un recorrido por Santo Domingo también, igual desmentia algunas cosas y enfatizaba algunas otras,  explicaba muy bien el trabajo que se requiere para poner las laminillas de oro en las pinturas ya que él es restaurador y sabe la chamba que representa hacer eso. Terminado todo ese recorrido fuimos a comer a la hacienda Santa Marta comida típica en buffete, y ya medio cansados regresamos a la casa a dormir para regresar el día siguiente a regiolandia.

Disfruté ese viaje por dos cosas, volví a ver cosas que hacía muchos años que no veía como Monte Albán y Hierve el Agua y la segunda y creo que la importante, me hizo ver que no tiene por que ser “extraño” convivir con amigos y familia a la vez, tal vez una parte de mí como que no tenía tan claro como dos cosas y dos ambientes que yo veo distintos pueden llegar a estar presentes en el mismo espacio y al mismo tiempo.  En fin, una buena experiencia.

Los Todos

Los Todos

 

 

 

Emmanuel

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